Dos pasos facilísimos para no correr en las mañanas

24 de agosto del 2021 | en:  Organiza tu vida, Organízate en el trabajo.

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Tiempo de lectura: 4 min. 43 seg.


Título alternativo: Los tres mejores hábitos de organización que aprendí de mi mamá. (Parte 2)

La semana pasada les platiqué que mi mamá es la primera persona de quien aprendí de organización: tanto por seguir su ejemplo, como por los hábitos que me enseñó (y que, hasta la fecha, sigo poniendo en práctica). En el artículo anterior les compartí el hábito de tener horarios y planes fijos. El día de hoy hablaremos sobre los siguientes dos hábitos, cómo aplicarlos y por qué son importantes.

2. Poner la mochila.

Todas las noches, durante mis años escolares, mi mamá me hacía dos preguntas antes de ir a dormir. La primera era ”¿ya pusiste tu mochila?”

“Poner la mochila” era, como su nombre lo indica, dejar la mochila de la escuela lista para el día siguiente, es decir, guardar todas las cosas necesarias: las libretas y libros que hubiéramos llevado a la casa para hacer la tarea, el estuche con todas las plumas, lápices y lápices de colores (con nombre y con punta, por supuesto), la libreta de tareas firmada, cualquier circular firmada en caso necesario y cualquier lámina, mapa o material extra que nos hubieran pedido.

Una vez puesta la mochila, la dejábamos junto a la puerta, lista para sólo tomarla de salida a la escuela la mañana siguiente. Nada de llegar tarde a la escuela por haber pasado media hora buscando la libreta de matemáticas que nos habíamos llevado.

Ahora que mis años escolares quedaron atrás, obviamente ya no tengo mochila que “poner”, pero sí puedo “poner mi bolsa”. No es algo que haga diario (y menos en pandemia, cuando paso el 90% de mi tiempo en mi casa), pero lo hago siempre que tengo algún lugar a donde ir a la mañana siguiente. Especialmente si es algo que se sale de la rutina normal o que va a requerir “material extra”, como algún trámite al que necesite llevar papeles específicos.

Cuando voy a viajar, por ejemplo, pongo especial atención a la preparación de mi bolsa (no sólo mi maleta). ¿Tengo mis identificaciones y efectivo suficiente en la cartera? ¿Voy a salir a carretera y necesito efectivo para las casetas? ¿Voy a viajar en camión y tengo que guardar los boletos? ¿Guardé gotas para los ojos, Kleenex, gel antibacterial, mi cubrebocas o alguna otra cosa que necesite?

“Poner mi bolsa” no es una actividad que tome demasiado tiempo. Hay muchas cosas que siempre están guardadas. Mis llaves de la casa, por ejemplo, siempre están en mi bolsa. Si las saco para abrir, las vuelvo a guardar en su lugar. Cosas como un paquete de Kleenex, crema para manos y mi cartera son otros ejemplos de lo que siempre está ahí. La mayoría de las veces, “poner mi bolsa” simplemente significa verificar que todo sigue en su lugar, que el paquete de Kleenex no se haya acabado y necesite ser reemplazado, etc. (Nunca falta el día en el que habías sacado las llaves para algo y se te olvidó volverlas a guardar).

Como “poner la bolsa” puede volverse rutinario y monótono (o incluso sonar “exagerado”), es muy fácil dejarlo de hacer. —¿Para que la reviso si ya sé que tengo mis llaves guardadas?— Pero tomarse unos minutos (o incluso segundos), para revisar, te puede salvar de quedarte afuera de tu casa porque se te olvidó que habías salido a correr y tus llaves se quedaron en la bolsa de tus pants.

Quedarte afuera de tu casa hasta que alguien te pueda abrir sólo te hace pasar un mal rato, pero perder un avión porque se te olvidó guardar el boleto puede tener consecuencias más graves. (No la menor de ellas el dinero que perderás en la aerolínea).

Algo importante que quiero recalcar es que no sólo se trata de “poner la bolsa”, sino de ponerla desde la noche anterior. Así, si te das cuenta de que tienes que pasar al cajero antes de viajar, puedes planear salir más temprano de tu casa. (Y te evitarás la sorpresa en la mañana justo cinco minutos antes de salir).

3. Poner el uniforme.

Todas las noches, durante mis años escolares, mi mamá me hacía dos preguntas antes de ir a dormir. La segunda era ”¿ya pusiste el uniforme?”

“Poner el uniforme”, como te imaginarás, era muy similar a “poner a mochila”. Se trataba de dejar listo, desde la noche anterior, el uniforme que te ibas a poner a la mañana siguiente. (Incluyendo las calcetas y los zapatos, de preferencia boleados).

Dejar el uniforme listo desde la noche anterior ayudaba a no confundirse de uniforme (llevar el de deportes cuando tocaba el del diario), y a evitarse la sorpresa de que la falda del uniforme estuviera en la ropa sucia, o peor, mojada en el tendedero. (Sorpresa que también te hacía llegar tarde a la escuela).

Al igual que con la mochila, desde que me despedí de mis años de escuela me despedí de la necesidad de “poner el uniforme”. Pero eso no quiere decir que no prepare mi ropa el día anterior cuando tengo que salir temprano al día siguiente, cuando voy a viajar o cuando tengo un evento importante.

En tiempos de pandemia ya no doy conferencias presenciales, pero en la época pre-covid que sí daba, planeaba mi atuendo desde el día anterior. Así, sin importar a qué hora fuera la conferencia, me evitaba las prisas de decidir qué ponerme, de que el saco que me pensaba poner estuviera en la tintorería, etc.

Si voy a viajar al día siguiente y tengo que salir temprano en la mañana (a lo mejor tengo una cita con el doctor en la ciudad de México, por ejemplo), dejo mi ropa lista desde el día anterior, incluyendo las calcetas y los no boleados tenis. (Además, por supuesto, de haber “puesto” mi bolsa).

Esa preparación me permite unos minutos más de sueño en la mañana —un sueño tranquilo sabiendo que dejé todo listo para el día siguiente— y una mañana tranquila y con calma. Honestamente, ¿quién quiere vivir a las carreras?

Honestamente, ¿Qué necesidad de vivir a las carreras cuando es tan fácil prepararse con anticipación?

Como ves, los dos tips de hoy tienen que ver con planear con anticipación. Planear con anticipación es, sí o sí, clave para una vida organizada. Planear con anticipación es, también, más fácil de lo que parece.


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Desde que empezó la pandemia dejé de dar conferencias presenciales, pero doy conferencias virtuales buenísimas 😉

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