Mi mayor inseguridad y lo que puedes aprender de ella. (Para todas aquellas que se sienten o han sentido “fuera de lugar”).

11 de septiembre del 2018 | en:  Acepta / Deja ir, Mi vida imperfecta

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Hay una frase que desde niña me han repetido hasta el cansancio, que me ha causado toda una serie de inseguridades en la vida:

“Te ves más chiquita”.

Desde niña me han dicho que me veo más chica para mi edad. La gente, por ejemplo, siempre se ha sorprendido de que yo sea la hermana mayor, dicen que mi hermana se ve más grande que yo.

Al parecer me veo taaan chiquita, que incluso sé cómo se dice “chiquita” en tzeltal. Se dice “coxita”. (No estoy segura si así se escribe, se pronuncia “coshita”). Lo sé porque en tercero de secundaria (¿o primero de prepa?), me fui de misiones a Chiapas a una zona tzeltal, y la gente de la comunidad no podía creer que fuera de la misma edad que mis compañeros. Mariano, nuestro traductor, me explicó que decían que me veía “coxita”, o sea, chiquita.

Esa percepción que los demás tienen sobre mí siempre me ha hecho sentir insegura. Desde niña he tenido muchos miedos; los más grandes ya identifiqué que se deben a un episodio específico en mi infancia; los más pequeños, como el miedo a las arañas patonas, no sé de dónde me vienen.

Además de mis miedos, también soy una persona introvertida, siempre me han costado trabajo las situaciones sociales. Ahora menos que antes, pero esa dificultad no ha desaparecido por completo. La combinación de mi parte introvertida con los miedos que tenía me dificultaron ser tan independiente como mi hermana menor, siempre necesité más de mi mamá que ella.

Cuando llegué a la adolescencia, empecé a salir con mis amigos y a necesitar “sentirme más grande”, pero la percepción de “chiquita” de los demás me perseguía. (Y me pesaba). Siempre sentí que, sin importar cuánto trabajara en mí o los logros que tuviera tanto a un nivel personal como escolar, la gente me seguiría viendo como a una niña que necesitaba de su mamá. Siempre pensé que, a los ojos de los demás, nunca saldría de mi casa ni haría cosas emocionantes con mi vida. No, Marianita, la que es muy linda y calladita y se ve bien chiquita, siempre va a ser linda y calladita.

Mi mamá siempre lo ha dicho y vale la pena recordarlo: el lenguaje no es inocente.

Últimamente me he dado cuenta de todos los aspectos de mi vida en los que esa frase ha impactado. He pasado mi vida buscando un corte de pelo que no me haga ver “más chiquita”, pero no lo he encontrado. Si me dejo el pelo largo me dicen “así te ves más chiquita”; si me lo corto, también. Necesito que existan emojis en los blogs para poder poner el que tiene los ojitos hacia arriba. Pero más allá del corte de pelo o de estar seriamente considerando empezar a vestirme “como señora”, hay otras cosas más relevantes…

1. Mi necesidad de éxito.

Siempre he sido una matada, ñoña, nerd o como gusten llamarle. La del puro 10, la consentida de las maestras. A la que todo mundo decía “¡no vayas a recordarle a la maestra que dejó tarea!”. (A pesar de que jamás le recordé, ni le recordaría, porque una cosa es ser nerd y otra cosa es ser Paris Geller). Ese gen del puro 10 lo heredé de mi papá y su lado de la familia, pero aunque mi familia completa vive para los dieces, hay algo particular de lo que me acabo de dar cuenta: siento la necesidad de hacer algo “grande” con mi vida. Esto pone mucha presión en mí, y apenas me cayó el veinte de que es para poder decirle a todos: “¡Miren! Marianita, después de todo, no es tan chiquita”.

2. Mi miedo a no ser parte de un grupo.

Soy una persona introvertida. Para mí, eso significa que prefiero estar en mi casa que salir de fiesta. Antes esa característica de mí me molestaba mucho, ahora me doy cuenta de que las granny girls somos lo mejor del mundo. Pero de pronto me ataca ese miedo en el fondo de no formar parte de un grupo o no ser tan amiga de mis amigos como los demás amigos. (¿Hizo sentido esa frase?). El otro día vi una frase en instagram que decía: “quisiera que mis amigos entendieran que quiero que me sigan invitando a sus planes, aunque no vaya a ir”. Morí de risa y me describió por completo. Porque, aunque soy muy feliz leyendo en mi casa un viernes por la noche, a veces me llega esa vocesita en el fondo que dice: “Marianita, la linda, la calladita, nunca sale de su casa ni hace nada interesante”.

(A pesar de que los libros que me quedo leyendo son muy interesantes 😉

3. Mi necesidad de complacer a otros.

Esa sensación de quedarme afuera, de no ser “lo suficientemente adulta”, de no ser parte del grupo… de no ser lo suficiente, me ha llevado a tener la tendencia de complacer a los demás. Decir que sí a compromisos (de trabajo o sociales), decir que sí a cada persona que me pide ayuda aunque no tenga el tiempo, dejar de lado cosas importantes para mí para darle lugar a las cosas que son importantes para alguien más. Me ha sucedido en todo tipo de relaciones: familiares, de amistad, laborales y de pareja. Hasta apenas me di cuenta de que ese decir que sí a otros y decir que no a mí, se debe a que he puesto mi valor en lo que otros piensan, en lugar de encontrarlo dentro de mí.

Hay dos conclusiones que quiero sacar de este texto:

La primera es recordarles que el lenguaje no es inocente. Estoy segura que todos quienes, sin ninguna mala intención, me decían que me veía chiquita, ignoraban que me estaban generando un trauma. Sean conscientes de las palabras que le dicen a otros, de cómo le hablan a los demás. Sobre todo, ¡eviten definir a las personas por una de sus características! Definir a alguien es limitarlo.

La segunda es que no den tanta importancia a las percepciones de otros (que muchas veces exageramos en nuestra mente). Dejen de definirse por una sola característica suya. Es más, ¡dejen de definirse!, punto. Para encontrar nuestro verdadero valor es necesario dejar de definirnos y empezar a conocernos; no somos ni nuestras debilidades ni nuestras fortalezas. Definirnos es limitarnos.

 

Para encontrar nuestro verdadero valor es necesario dejar de definirnos. Definirnos es limitarnos. ¡Twittéalo!

 

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P.D.  Tengo 28 años, por si a alguien le dio curiosidad y se puso a analizar las fotos de mi página. Les digo para que si me encuentran en la calle no me vayan a decir: ¡pensé que eras más chiquita! 😉

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Comentarios:
  1. María dice:

    Me ha encantado este artículo, gracias por todo lo que compartes en él y por tus reflexiones. Escribes maravillosamente y ha sido un placer leerlo.
    ¡Y está muy interesante y preciosa tu página web, felicidades!.

    1. Mariana López González dice:

      ¡Muchas gracias María! Qué bueno que te haya gustado. Te mando un abrazo, espero que nos sigamos leyendo 🙂

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