Cuatro maneras de saborear la vida, más allá de la comida

11 de septiembre del 2018 | en:  Ama la vida

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Hace más o menos siete años, estaba en un periodo de mi vida al que, dramáticamente y de cariño, le llamo “mi etapa oscura”. Fue después de que me dieron de alta del hospital y el centro de neuro-rehabilitación, pasando una cirugía en el cerebro que me hicieron cuando tenía 19 años. Cuando ya estaba en mi casa “viviendo mi vida normal”.

Cuando me dieron de alta, por un lado fue muy padre, pero por otro fue increíblemente difícil. En el centro de rehabilitación, estaba completamente aislada del mundo, rodeada de personas que también tenían pérdidas y se estaban recuperando. En cambio, en mi casa, el shock del cambio de vida fue mucho más grande: todo lo que no podía hacer, como caminar, comer por la boca o respirar sin tanque de oxígeno se me hizo mas evidente.

Después de la cirugía en el 2009, además de dos cirugías más y años de rehabilitación, siguieron muchas estancias en el hospital a causa de neumonías. Esas constantes recaídas y la pérdida de “mi vida de antes” originaron “mi etapa oscura”, que consistió en estar enojada con la vida y escuchar Muse. (Quizás para algunos suene chistoso, pero para alguien que suele escuchar música folk y disfruta de artistas como Julia Stone, Muse ya es casi casi heavy metal).

Lo que más trabajo me costó fue acostumbrarme a vivir con disfagia, un trastorno de deglución por el que no puedo comer por la boca, y que me obliga a alimentarme por medio de una sonda. Era muy difícil vivir con el antojo de comida que no podía probar; en esos años sentía que estaba viviendo una vida sin sabor. Alguna vez escribí que no iba a ser feliz hasta no ver cumplida la promesa de un poco de sal que le diera sabor a mi vida.

Afortunadamente, aunque fue necesaria, esa etapa “oscura” de tristeza y enojo no duró para siempre. Alguna vez en la universidad, una conocida mía (muy espiritual) me dijo que tenía un aura muy blanca. Siempre me ha dado risa ese cumplido porque nunca me habían dicho algo así, pero ese recuerdo me hace ver que después de la oscuridad en mi vida, siguió la luz.

Ahora la disfagia me pesa menos porque sé que saborear comida no es la única manera de saborear la vida. (¡Saborear la vida es muy importante!). Hay muchas maneras de hacerlo, pero hoy les voy a compartir cuatro que le han dado mucho mucho sabor a mis días.

 

Ahora la disfagia me pesa menos porque sé que saborear comida no es la única manera de saborear la vida. ¡Twitéalo!

 

1. Aprender cosas.

Nutrir nuestra mente nos mantiene despiertas, interesadas y alimenta nuestra curiosidad: nos mantiene en constante descubrimiento. ¡Lo mejor es que podemos hacerlo de mil maneras! Lean libros, revistas, periódicos o blogs; escuchen el radio o podcasts; vean películas, documentales, series o videos de youtube; platiquen con alguien que sepa de un tema que les interese. Aprendan cualquier cosa: la historia de Estonia o de la Biblia; una nueva técnica de bordado, la clasificación de las flores mexicanas o por qué el cielo es azul; un nuevo idioma, un instrumento musical o la mitología de la Tierra Media. El único requisito es que les interese a ustedes.

2. Usar mis manos.

Crear algo es de las cosas que más satisfacción le trae a nuestra vida; hacer algo con nuestras manos y ver los frutos de ese trabajo. A mí me gustan el arte y las manualidades, pero también puede ser cualquier cosa: tejer, hacer origami, hacer carpintería o jardinería, cocinar, armar rompecabezas, desarmar y armar un aparato electrónico, tocar la batería o colorear. He notado que la mayoría de las veces, hacer un collage o algo de scrapbooking me da más sabor que probar comida.

3. Mantenerme en movimiento.

¿Quién lo hubiera pensado?, pero me gusta hacer ejercicio. Empezar en la mañana sudando con una clase de baile me hace sentir bien y animada para empezar el día. Sentarme en la computadora no resulta pesado cuando sentarme en la computadora no es lo único que hago en todo el día. ¿A ustedes qué les gusta hacer para mantenerse en movimiento? ¿Bailar, dar un paseo, correr?

4. Poner atención a los detalles.

Normalmente no soy mucho de perfumes porque a veces me atosigan, pero el otro día después de arreglarme me puse perfume. Tenía un rato que no lo hacía, pero esa simple acción me puso muy feliz y no pude evitar sonreír cuando me vi al espejo, lista para empezar el día de trabajo. Poner atención a los detalles nos da alegrías sutiles pero poderosas, además de que nos hace utilizar todos nuestros sentidos: el olor de una panadería que pasamos en el camino, la sensación de la tela suave de nuestra pijama, la forma que le encontramos a una nube, etc.

¿Ustedes cómo dan sabor a su vida? Me encantaría que me digan en los comentarios que les gusta (o gustaría) aprender, qué cosas les gusta crear con sus manos, cómo se mantienen en movimiento y qué tipo de detalles las hacen sentirse felices.

 

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