¿Cómo mantener planes, horarios fijos y rutinas?

17 de agosto del 2021 | en:  Organiza tu vida

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Tiempo de lectura: 4 min. 7 seg.


Título alternativo: Los tres mejores hábitos de organización que aprendí de mi mamá. (Parte 1)

Mi mamá es la primera persona de quien (sin darme cuenta), aprendí de organización. Desde que tengo memoria, usa agenda y calendario. Siempre hay un calendario de pared en la casa, siempre se acuerda de todos los cumpleaños y, hasta donde recuerde, nunca la he visto corriendo para acabar algo que se le olvidó que era “para mañana”. Las únicas veces que recuerdo haberla visto corriendo fueron las ocasiones en las que a mi se me olvidó que tenía que llevar una cartulina a la escuela y me acordé hasta el domingo en la noche.

(Nunca se me va a olvidar esa experiencia dramática de mi infancia, buscando papel celofán amarillo un domingo en la noche en todas las papelerías de la ciudad).

(O, más bien, buscando por toda la ciudad papelerías que estuvieran abiertas en domingo en la noche, para después ver si tenían papel celofán amarillo).

(Mi infancia sucedió en una época en la que todavía no existían las papelerías de 24 horas).

(Gracias, Hiperlumen).

De mi mamá aprendí muchas cosas sin darme cuenta, pero muchas otras fueron hábitos que me inculcó muy intencionalmente. El día de hoy les comparto la primera parte de los tres mejores hábitos de organización que me enseñó mi mamá, que hasta la fecha sigo aplicando.

1. Tener horarios fijos.

Tener rutinas no sólo es importante en cuestiones de organización; la estabilidad de una rutina contribuye positivamente a nuestra salud mental. Si bien demasiada rigidez resulta dañina, demasiada desorganización también. Desde que era niña mi mamá nos marcaba horarios fijos, no para todas las actividades que tuviéramos, pero sí para las actividades centrales que aportan estabilidad al día a día: principalmente las horas de sueño y las horas de comida.

Nuestras horas de sueño fueron cambiando conforme fuimos creciendo (de las ocho cero cero, a las nueve en punto, a las diez…); los horarios de comida cambiaban de acuerdo a nuestros horarios escolares, pero se mantenían fijos durante temporadas amplias. Claro que había excepciones en fines de semana y vacaciones, pero tener horarios fijos nos ayudaba a mi hermana y a mí a no estar tan cansadas y a funcionar mejor en el día a día. (Y seguramente le daba a mi mamá una mayor oportunidad de planear tiempo para ella).

Incluso me acuerdo que cuando faltaba más o menos una semana para que se acabaran las vacaciones de verano (durante las cuales no había un horario de sueño tan estricto), regresábamos a nuestro horario de sueño “escolar” para irnos acostumbrando.

Tener horarios de sueño y de comida fijos es algo que mantengo hasta la fecha. De hecho, cuando lo veo en retrospectiva, agradezco haber formado ese hábito, porque ha hecho mi vida post-cirugías mucho más fácil. Mi forma de alimentación me obliga a tener horarios fijos que me hubiera sido mucho más difícil mantener si no estuviera acostumbrada; y mi necesidad de cuidar mis horas de sueño para no sentirme mal, también me ha sido más fácil.

Una herramienta muy útil para ayudarte a tener horarios fijos es el mapa de la semana, que enseño en mi curso Diseña tu semana (el cual, por cierto, abre inscripciones en septiembre)

Uno de los principales “peros” que mis alumnas me ponen para establecer horarios fijos es: ”¿pero qué tal si un día pasa algo y no puedo cumplir el horario?. Si un día pasa algo y no puedes cumplir un horario, no lo cumples y ya está, al siguiente día regresas a él. No es necesario (ni práctico), definir un horario completo alrededor de un potencial futuro imprevisto.

Una buena manera de “extender” este hábito es no sólo tener horarios fijos, sino fechas o días fijos, lo que en inglés llaman standing appointments. (Aclaro de nuevo: no para todo, pero para ciertas cosas). Tener una junta de revisión todos los viernes a las 12 es más fácil que estar poniéndose de acuerdo, cada semana, qué día le queda bien a todo el equipo.

El mismo principio funciona muy bien para reuniones sociales frecuentes. Tengo una amiga que vive en el extranjero con la que hago una videollamada el último domingo de cada mes en la mañana. A principio de cada mes, simplemente “bloqueo” esa fecha para no agendar ningún otro compromiso.

Para este tipo de compromisos sociales fijos mis alumnas me ponen el mismo “pero”: ¿pero qué tal si ese día algo sucede y no puedo cumplir el compromiso? o también: ¿cómo voy a saber si más adelante surgirá otro compromiso en esa misma fecha? En teoría no deberías tener otro compromiso más adelante porque esa fecha ya estaba bloqueada (a menos que el nuevo compromiso tenga un nivel de prioridad más alto), en cuyo caso (o en caso de algún otro imprevisto), simplemente te brincas esa fecha y retomas el compromiso en la siguiente fecha programada.

Con una de mis amigas “locales”, por ejemplo, hago una videollamada todos los viernes a la 1 pm. Si un viernes no podemos, simplemente nos avisamos y cancelamos esa sesión. No hay necesidad de reagendar porque ya sabemos que nos veremos el siguiente viernes como siempre.

Como ven, hacer planes, tener rutinas y horarios fijos no tiene por qué ser intimidante. A veces les huimos por miedo a que nos “amarren” a algo, pero no tienen por qué “amarrarnos” a nada. Cuando los planes se pueden cumplir se cumplen; cuando no, no.


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