Eres libre de ayudar… o no.

3 de agosto del 2021 | en:  Gestión de tiempo centrada en ti, Gestiona tu energía, Organiza tu vida, Organízate en el trabajo., Sé tu propio eje, Tiempo para ti

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Tiempo de lectura: 3 minutos 56 segundos


Cuando das asesorías de gestión de tiempo, “tengo mil cosas que hacer” es una frase que escuchas frecuentemente. Me atrevería a decir que el principal problema de la gestión de tiempo no es ni procrastinar, ni “ser desorganizada”, ni “no saber cómo llevar una agenda”. El principal problema de la gestión de tiempo es “tener mil cosas que hacer”.

La principal solución es, entonces, tener menos cosas que hacer. (Incluso bajar el número a 999 puede ayudarte).

La pregunta obvia es “¿cómo le hago para tener menos cosas que hacer?”

La mayoría de quienes toman asesorías o cursos conmigo empiezan seguras de que todo lo que hacen lo tienen que hacer”. Mi trabajo básicamente consiste en enseñarle a otras personas a reducir su lista de pendientes. (Mientras yo batallo con la mía, ¿verdad? Nadie es perfecta). ¯_(ツ)

He podido comprobar una otra vez que la mayoría de las cosas que “tenemos que” hacer son cosas para otras personas: pendientes relacionados al trabajo, pendientes relacionados al hogar, pendientes relacionados a la familia, etc.

Como el trabajo es algo muy individual que depende de muchos factores y varía de persona a persona, no voy a escribir un artículo sobre cómo reducir los pendientes de trabajo (aunque ahora que lo mencioné se me ocurrieron varios tips generales que puedo compartir en un futuro artículo); el día de hoy quiero hablar sobre otro obstáculo para nuestro tiempo del que casi no se habla: ayudar a otras personas.

Para que quede claro, no estoy diciendo que ayudar a otras personas sea malo. Tampoco voy a sugerir que dejen de ayudar a otras personas. (Mi educación jesuita de ser para los demás me impediría hacerlo). Lo que sí voy a hacer es invitarlas a reflexionar a quiénes ayudan y por qué, qué tipo de favores ocupan su tiempo y cuánto tiempo ocupan.

Algunos ejemplos de ayudar a otras personas que se ven reflejados en nuestra agenda, serían: “tengo que cuidar a mis sobrinos”, “tengo que llevar a mi mamá al doctor”, “tengo que ayudar a mi amiga a cambiarse de casa” o “tengo que ayudar a mis hijos con su tarea”.

Muchas de esas actividades suenan importantes, ¿verdad? Como les decía, de ninguna manera mi intención es decirles que dejen de ayudar a otras(os).

Pero algunos otros ejemplos serían: “tengo que ayudar a un compañero de trabajo con una presentación (que a mí no me corresponde)”, “tengo que acompañar a una amiga a comprar cosas para su mudanza (en un día que se me complica)” o “tengo que ir a ver a mi mamá (aunque he ido a verla toda la semana y hoy hay un evento importante en el que quiero estar)”.

Cuando todo nuestro tiempo es dedicado a ese tipo de actividades además de las que son prioridades nuestras, entonces nuestras agendas se llenan de “mil cosas que hacer”. Querer “cumplir” con todos los pendientes y hacer todos los favores o sentir una necesidad extrema de “quedar bien”, nos lleva a escenarios como: Paso a mi casa a comer rapidísimo, corro a ver un ratito a mi mamá y de ahí me voy al evento al que quería asistir aunque llegue nada más al final. (Aunque me sienta mal toda la tarde por haber comido demasiado rápido, mi mamá de todos modos se “sienta” conmigo porque sólo fui a una “visita de doctor” y me pierda la parte del evento en la que realmente quería estar).

¿Qué necesidad de vivir corriendo cuando podríamos mejor comer con calma, pasar tiempo de calidad con nuestra familia y dedicar tiempo a nuestros intereses? Lo único que necesitamos para ello es aprender a decir que no. (O “hoy no, pero mañana”).

El mes pasado leí el libro Care Work: Dreaming Disability Justice, de Leah Lakshmi Piepzna-Saramashina, una excelente colección de ensayos sobre justicia para la discapacidad.

Los ensayos tratan temas diversos, como accesibilidad, inclusión o la industria médica. Si bien todos esos son temas importantes y necesarios, del que les quiero platicar hoy es uno que nunca había escuchado explicado desde esa perspectiva y que va a ser clave para ayudarlas a tener menos de mil cosas que hacer: el consentimiento para dar o recibir ayuda.

En esta época se habla mucho sobre el consentimiento, pero normalmente sólo escuchamos ese concepto en temas sexuales: tengo derecho a decidir si quiero que me den un beso o no y la otra persona debe respetar mi decisión.

Pero la autora de Care Work habla sobre la necesidad del consentimiento cuando vamos a dar o a recibir ayuda: tengo derecho a decidir si quiero recibir ayuda o no; si quiero dar ayuda o no. (Y la otra persona debe respetar mi decisión).

Repito entonces, el punto del artículo no es decirles que dejen de dar ayuda o de hacer favores, el punto es motivarlas a que ejerzan su derecho a consentir. (O no).

¿A quién si quiero ayudar y a quién no?

¿A quién si puedo ayudar y a quien no?

¿A quién me es importante ayudar y a quién no?

¿A quién quiero ayudar, pero preferiría hacerlo en otro momento?

Si empezamos a ser conscientes de cuándo decimos que sí y por qué (y, por lo tanto, empezamos a decir que no más seguido), nuestra lista de cosas que hacer se va a reducir a mucho menos de 999.


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