“¿Dónde está el novio?”, otras preguntas incómodas y cómo responderlas esta navidad.

19 de diciembre del 2018 | en:  Acepta / Deja ir

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“¿Qué pasó chicas, ya tienen novio?”, era la pregunta de rigor de una de mis tías cada vez nos veía a mi hermana, a mi prima y a mí. Yo creo que teníamos unos 8 ó 9 años cuando nos preguntaba.

En ese entonces, la pregunta nos daba mucha risa… y no, no teníamos novio. A esa edad, nuestro interés principal todavía era jugar a los Power Rangers. Yo era la amarilla; mi hermana y mi prima eran la rosa.

Aunque no tenía novio y me faltaban varios años para tenerlo, soñaba con el día en que ya fuera grande y pudiera platicarle a mi tía sobre mi novio. Me imaginaba que “de grande” sería tan glamorosa como Cher de Despistados y tendría un novio tan guapo como Harvey, el de Sabrina.

(¿Qué te puedo decir? Eran los noventas).

Para cuando cumplí 12 ó 13 años, ya no jugábamos a los Power Rangers, sino a las niñeras. Nos imaginábamos que ya teníamos unos 19 ó 20 años, vivíamos juntas y cuidábamos a los bebés de mis tíos. Nos gustaba jugar a ser las primas grandes.

Cuando jugaba “a que ya era grande”, siempre me imaginaba con novio. Para ser más específica, me imaginaba con un novio guapo, como Harvey el de Sabrina.

(For the record, Harvey el de Sabrina ya no me parece guapo, pero fue el amor de mi vida durante toda la pubertad).

(For the record, mi novio imaginario actual es Sam Heughan. Es muy importante que quede en el récord).

Me acordé de esta anécdota cuando estaba decidiendo sobre qué tema navideño escribir en el blog. No por mi novio Sam o mi ex-novio Harvey que no tienen nada que ver con la navidad… sino por la pregunta que nos hacía mi tía de niñas:

“¿Qué pasó chicas, ya tienen novio?”

Si me conoces, sabes que amo la navidad. Estoy segura de que en mi otra vida fui un duende de Santa. Pero el hecho de que la ame, no quiere decir que no reconozca el estrés que despierta en muchas personas… sobre todo cuando se trata de pasar tiempo con la familia.

Me encantan las reuniones familiares de navidad, pero hay algo que casi todas tienen en común: las preguntas incómodas. No falta la tía que te hace una pregunta que te mueve una fibra sensible, o las preguntas que no sabes cómo responderle a tus abuelos.

La pregunta que de niña me daba mucha risa: “¿qué pasó chicas, ya tienen novio?”, se convirtió en una pregunta que a mis 29 años me estresa: “¿qué paso Mariana, dónde está el novio?”.

O la otra versión, igual de agradable: “¿Y por qué no tienes novio?”

Pues mira, si supiera, a lo mejor tendría uno.

La pregunta me estresa porque me hace cuestionar muchas cosas sobre la vida que he construido. O más bien, sobre la vida que estoy construyendo…

Si he tomado las decisiones correctas, si he elegido el camino adecuado, o si estoy en el lugar en el que “debería” estar a esta edad…

¿No será que me estoy quedando atrás?

Estoy segura de que, independientemente de la edad que tengas, te cuestionas las mismas cosas que yo. Aunque no sea exactamente  lo “del novio”. Las cenas navideñas están llenas de todo tipo de preguntas incómodas:

¿Dónde está el novio?, ¿cómo va el trabajo?, ¿ya se van a casar?, ¿qué tal los estudios?, ¿para cuándo los hijos?…

Las preguntas incómodas son incómodas, desde mi punto de vista, por una de dos razones:

1. Reflejan una diferencia de opiniones o creencias entre tú y la persona que te hace la pregunta.

2. Te mueve una fibra sensible con respecto a tu visión de vida, porque tú misma te haces esa pregunta.

Sea cual sea la razón, es difícil enfrentar ¡y responder! estas preguntas… sobre todo cuando tú misma desconoces la respuesta. Estando en la semana pico de las reuniones navideñas, te comparto 5 tips para enfrentarte a las preguntas incómodas:

1. Reconoce que no existe una mala intención detrás.

La reacción inicial más común a este tipo de preguntas, es el enojo. Kristin Neff, experta en autocompasión, dice que tendemos a enojarnos o a reaccionar desproporcionadamente cuando alguien hiere nuestro autoconcepto.

Ya sea que te tomes la pregunta como un ataque hacia quién eres, o que mueva una fibra sensible con respecto a tus planes de vida, enojarte es una reacción natural… pero también es la reacción que más peso puede generar sobre tus hombros.

Cuando tu primera reacción sea enojarte recuerda que, sobre todo si la pregunta viene de alguien que te quiere, lo más probable es que no sea hecha con mala intención ni con el objetivo de atacarte. La raíz de la pregunta probablemente es interés, preocupación o mera curiosidad.

No creo que mi tía preguntándome sobre mi novio se deba a que no me crea valiosa sin uno, sino a que de verdad le da curiosidad saber qué onda con esa área de mi vida. Que yo quiera o no compartírselo, es una historia diferente.

La próxima vez que quieras responder con enojo, respira y recuerda: la pregunta no dice nada sobre tu valor como persona. Decide hasta dónde estás dispuesta a compartir e implementa los límites necesarios, pero no cargues con el peso del enojo durante toda la reunión. Al final, a quien más va a pesar ese enojo, es a ti.

2. Agradece las expectativas externas, luego déjalas ir.

Las preguntas incómodas, sobre todo las que tienen que ver con tus creencias, tu futuro, tus decisiones o estilo de vida, son incómodas porque casi siempre parten de una diferencia entre ti y la persona que te hace la pregunta. Cuando un familiar tiene expectativas sobre tu futuro, sus expectativas se basan en las creencias que tiene, en lo que le han enseñado que es “lo mejor”. (Estas pueden ser diferentes a tus propias creencias).

Es un hecho que vives más plenamente cuando te liberas de expectativas, pero otra realidad es que cuando alguien espera algo de ti es porque cree en ti, o porque quiere lo mejor para ti. Lo cual, *ojo*, no quiere decir que tengas que hacerle caso.

Más bien me refiero a lo siguiente:

Esta navidad, en lugar de entrar en discusiones, te propongo agradecer las expectativas externas (que no son más que buenos deseos)… y luego dejarlas ir (porque tú eres quien mejor sabe lo que necesitas para vivir plenamente).

Un simple: “muchas gracias por tu preocupación, pero soy feliz”, puede ser justo lo que necesitas responder para sentirte libre y satisfecha.

3. Establece límites.

OK, hay que ser realistas. Un simple “muchas gracias por tu preocupación, pero soy feliz”, puede ser justo la respuesta que necesitas… pero a lo mejor no es la respuesta que tu familia quiere escuchar. Y hay familiares muy, pero muy… insistentes.

Para ello, es importante marcar límites claros. (El primer paso para marcarlos es que los tengas claros). Sé consciente de qué temas quieres platicar y qué temas no. Sé conciliadora, pero asertiva. Cuando alguien insista mucho, haz un chiste o cambia el tema… sé que es difícil ser asertiva cuando eres alguien que huye de los conflictos, pero nadie más que tú tiene el derecho de elegir cómo vivir tu vida, o qué cosas quieres compartir sobre ella. Es importante que aprendas a darte tu lugar.

4. Recuerda tu visión de vida.

No dejes que las preguntas que reflejen expectativas de alguien más, sean el marcador a partir del cual mides tu vida. Evita las comparaciones, recuerda tu propia visión y mantente firme en ella. Si este año decidiste emprender un negocio, probablemente tenías bien claro que, económicamente, sería un año difícil. (Emprender un negocio siempre lo es). Si alguien te pregunta por tu estabilidad económica o hace un comentario con respecto a ello, recuerda que tu momentánea inestabilidad económica no es un fracaso… al contrario, es la evidencia de que estás persiguiendo tus sueños. Sólo tú conoces tu visión de vida con claridad: mantente firme en ella y no dudes de ti. Mírate a través de tus ojos, no a través de los ojos de alguien más.

5. Enfócate en la puerta abierta.

Como vimos en este texto, las preguntas incómodas pueden ser incómodas por dos razones: porque hacen evidente una diferencia de ideología, o porque es algo que tú misma te preguntas.

Regresemos entonces a mi dilema: al inicio te compartí que mi visión de vida en la pubertad era casarme con Harvey, el de Sabrina. Casarme con Harvey no es realmente mi plan a futuro, pero si me gustaría eventualmente encontrar a alguien con quien compartir mi vida. (Este es un tema que raya en los límites de lo que comparto y lo que no, pero ya ves que la política de este blog es 100% vulnerabilidad).

Encontrar alguien con quien compartir mi vida es un deseo que no se ha vuelto realidad… aún. En lugar de enfocarme en lo que no se ha cumplido, elijo enfocarme en todo lo que aun puede cumplirse. El futuro es incierto, y la belleza de él es que está lleno de posibilidades.

Si este año que termina aún hay metas que no has logrado, te sugiero que no te enfoques en la puerta de este año que se cierra, sino en la del próximo año que se abre. Hoy no has logrado uno de tus planes, pero la vida está llena de mañanas.

Cuando recibas una pregunta incómoda sobre tu vida hoy, responde que tu mirada ya está puesta en lo que la vida tiene para ti mañana, y que eso te hace inmensamente feliz. Después de todo, apenas estás construyendo tu vida… ¿y quieres saber un secreto?… la persona que te hace preguntas incómodas, también.

Para terminar este mensaje sólo quiero recordarte:

Cualquier cosa puede suceder en el 2019… mantén tu mirada en el horizonte. 

Con todo el cariño del mundo,

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Comentarios:
  1. Beatriz Camarillo dice:

    Te compartiré algunas respuestas a esa preguntas dificil que te hara salir airosa de ese momento…mi pregunta obligada era ” y no piensas rehacer tu vida???????”
    Y mi repuesta era :
    Pues mi vida esta hecha y la sigo haciendo, sería una ingrata en pensar que no estoy feliz sólo por no tener pareja, porque tengo………. Y ahi enumeraba TODO lo bueno que hay en mi vida…. Y la respuesta de ellos invariablemente siempre era tienes razón

    1. Mariana López González dice:

      ¡Muchas gracias Betty! Estoy de acuerdo contigo, y me parece una buena respuesta. Porque siempre estamos construyendo nuestra vida (y su valor no está atado a una sola cosa). ¡Te mando un abrazo!

  2. Miriam dice:

    Me acuerdo que yo no tenía novio ni a los 16 ni a los 20 ni a los 26…y me preguntaban la mayor parte del año independientemente de la Navidad… ¿Porqué no tienes novio ? y ¿ya tienes novio? y obviamente las preguntas me ponían muy nerviosa…y de alguna forma me recordaban lo más incómodo de mis pensamientos. Así que la mejor respuesta fué : no tengo novio porque Dios no quiere que tenga novio 🙂 y funcionaba siempre porque sólo sonreían ¡y yo también!

    1. Mariana López González dice:

      ¡Gracias por compartir Miriam! Y ahorita ya estás viviendo la historia que era para ti 🙂 ¡Te mando un abrazo!

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