¿Cómo ayudar a alguien que está pasando por un momento difícil?

25 de enero del 2020 | en:  Acepta / Deja ir, Vida en general

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Hace unos años, cuando apenas empezaba mi carrera como conferencista, uno de los alumnos del público me hizo una pregunta que nunca me habían hecho:

“¿Qué puedo hacer para ayudar a un amigo que esté pasando por una situación difícil?”

En mi conferencia les había platicado que a veces me enoja cuando me intentan ayudar, por eso le dio curiosidad conocer mi opinión sobre el tema. Aunque fue la primera vez que alguien me hizo esa pregunta, no ha sido la última, así es que decidí abordar el tema.

Es muy importante aprender a recibir ayuda, pero también es importante aprender a ofrecerla.

Lo primero es, precisamente, entender que la ayuda primero se ofrece; si se acepta, entonces se da. La ayuda que se da sin ser solicitada (o aceptada) casi nunca es de mucha ayuda que digamos (ni muy bien recibida).

La ayuda primero se ofrece; si se acepta, entonces se da. ¡Twitéalo!

Quiero aclarar que este texto lo escribo desde mi opinión y experiencia personal. No soy psíquica y no tengo poderes mágicos de adivinación, como no puedo leer mentes o saber lo que otros piensan, mis consejos no son mágicos tampoco. Como cada cabeza es un mundo, lo mejor siempre es escuchar.

Una vez dicho lo necesario, van mis (no mágicos) consejos:

1. Escuchar.

Las personas casi siempre dicen lo que sienten (o tratan de decirlo a través de sus acciones y silencios). Escuchar es la primera pieza fundamental de ayudar. Si alguien está llorando, gritando, reclamando, etc, déjalo expresarse y simplemente escucha, no es necesario aportar opiniones en ese momento.

Escuchar quiere decir realmente escuchar lo que otra persona dice, no interpretar lo que quieres que diga. Escuchar significa que si alguien te dice: “ahorita no quiero hablar sobre el tema”, le respondas: “ok, si necesitas hablar aquí estoy”, no que la presiones para que te cuente todo porque hablar le va a hacer bien. Quizás sí, pero cuando esté listo o lista para hacerlo.

2. No tratar de quitar o distraer los sentimientos de tristeza.

En el diplomado de desarrollo humano que estudié hace poco, teníamos una compañera polaca. Era muy interesante escuchar sus aportaciones sobre las diferencias culturales entre México y Polonia.

En una de las clases, nos platicó que en Polonia disfrutan mucho la tristeza, mientras que en México, no sabemos cómo lidiar con ella. Nos dijo que uno de los choques culturales más fuertes para ella fue que cuando está triste, sus amigas y su novio le digan: “ya no estés triste”, “¡ánimo!”, “todo va a estar mejor”. (O aún peor y espero que nadie le haya dicho nunca: “ánimo, Dios no te manda algo que no puedas soportar”).

Ese día nos reímos mucho por lo cierto de sus palabras, e incluso llegamos a la conclusión de que los mexicanos somos las peores personas del mundo para dar un pésame.

Cuando estamos tristes o enojados simplemente queremos vivir nuestros sentimientos, y francamemte, es lo mejor que podemos hacer. Por lo que más quieras en este mundo, ¡deja a tus seres queridos estar tristes! ¡deja a tus seres queridos sentir!, es muy cansado tener que fingir felicidad para no “incomodar” a tus seres queridos cuando no saben cómo lidiar con tu tristeza.

Sé que como mexicanos es muy difícil entender esto. ¿Pues qué no, hacer a alguien sentir mejor es tratar de ponerlo feliz cuando está triste? No necesariamente. Por eso el siguiente y último punto es crucial.

3. Preguntar.

Voy a darte una frase para que te grabes en lo más profundo de tu ser y, de ser necesario, te tatúes en la frente:

No puedo saber cómo se siente alguien más.

No puedo saber cómo se siente alguien más.

No puedo saber cómo se siente alguien más.

La repito una última vez por si las flais:

No puedo saber cómo se siente alguien más.

Muchas veces caemos en el error de pensar que, porque también hemos vivido momentos de sufrimiento, podemos saber lo que otra persona está sintiendo. No es así. Ni siquiera si pasamos por la misma situación, como una muerte o una enfermedad. (Haber pasado por la misma situación ciertamente ayuda a entender, pero no nos hace saber exactamente lo que alguien más está sintiendo).

Podemos entender a alguien en su dolor, pero no podemos entender su dolor. Podemos abrir nuestro corazón y tratar de empatizar, pero nunca podremos saber cómo se está sintiendo. Muchos problemas en las relaciones humanas se deben a que creemos saber lo que otra persona siente y necesita, mejor que la persona misma. Nadie mejor que tú puede saber lo que sientes o necesitas.

Frases como “sé lo que sientes” o “entiendo por lo que estás pasando” no son la mejor idea. Asumir que lo que tú necesitaste en un momento difícil es lo mismo que necesita otra persona, tampoco. Por eso lo mejor siempre es preguntarle a la otra persona cómo se siente y qué necesita.

Puedes decir algo así como:

“Sé que no puedo entender lo que sientes, pero quiero tratar de hacerlo, ¿hay algo que pueda hacer para hacerte sentir mejor/para ayudarte?”

Es importante preguntar de la manera más honesta, abierta y empática posible. Gritarle a alguien “¿pues cómo quieres que te ayude??” después de que haya rechazado ayuda no solicitada, no cuenta.

El que alguien rechace tu ayuda no es un ataque personal, simplemente significa que la persona no quiere o necesita ayuda en ese momento, o que el tipo de ayuda que estás ofreciendo no es la que necesita.

No hace falta tomarlo personal y ponerse a la defensiva: “pues así nunca vas a salir adelante”, “ni quien te entienda”, “a ver quién te ayuda”, o la clásica postura de víctima: “pues no y ya, veo que no quieres mi ayuda”.

Ofrecer ayuda significa estar abiertos a recibir cualquier respuesta, incluyendo “no, gracias”. Si alguien responde que no quiere o necesita tu ayuda, lo mejor que puedes hacer es decirle: “entiendo, cuando necesites algo ya sabes que aquí estoy”.

Espero que te hayan servido estos consejos, esto de ayudar no es tan complicado… pero a la vez puede ser muy difícil. Simplemente recuerda que se trata de escuchar, preguntar y ser receptiva o receptivo a las respuestas. Si tu corazón está puesto en realmente ayudar a la persona, la apertura y la empatía te llevarán por el mejor camino.

Con todo el cariño del mundo,

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