4 preguntas poderosas para deshacerte de pendientes innecesarios

30 de enero del 2019 | en:  Acepta / Deja ir, Gestión de tiempo centrada en ti

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Después de aplicar estas cuatro preguntas, empezarás a notar que tus días se sienten más ligeros.

Siempre tienes mil cosas que hacer.

Tienes tantas cosas que hacer, que no te alcanzan las horas del día.

Levanta la mano si sueñas con días de más de 24 horas…

Levanta la mano si morirías por un día en el que no tuvieras nada que hacer…

Levanta la mano si no recuerdas la última vez que tu agenda estuvo vacía…

Levanta la mano si te estresas tan sólo de pensar en todos los pendientes que tienes…

Si te identificaste con una o más de las anteriores, este artículo es para ti.

Aunque hay algo que debo decirte: en realidad no tienes tantas cosas que hacer, lo que te hace falta es depurar tu lista de pendientes.

En verano del año pasado, me fui a un congreso en San Diego.

Unos días antes del viaje, estaba en plena promoción de mi curso Tiempo para ti. Como es un curso de gestión de tiempo centrada en ti, tenía muchas reflexiones en mi mente sobre el común problema de “tener demasiadas cosas que hacer”.

El día antes de irme al congreso, aún no había hecho mi maleta. No por falta de organización, soy bastante prevenida (la carta médica con la que viajo, por ejemplo, la tenía lista desde meses antes del viaje).

No, todavía no había puesto mi maleta porque me choca empacar. Nunca sé qué llevarme, qué dejar, qué guardar “por si las dudas”, etc, entonces siempre dejo la temible tarea de poner mi maleta para el último momento posible.

Como siempre llega el momento en el que no puedes seguir posponiendo una tarea, la tarde antes del viaje me dije a mi misma:

OK. Ahora sí tengo que poner mi maleta.

Tengo que poner mi maleta.

En mi curso les enseño a mis alumnas que deben eliminar las palabras “tengo que” de su vocabulario, entonces esa frase me puso a pensar.

¿De verdad tengo que poner mi maleta?

Estrictamente hablando, empacar para un viaje no es necesario.

O sea, es importante, pero no es de vida o muerte.

Suponiendo que no hubiera puesto mi maleta, hubiera tenido otras opciones:

Podría haberme ido a mi viaje con una sola muda de ropa, la que llevaba puesta, y ponerme la misma ropa todos los días.

Otra opción hubiera sido irme con una sola muda de ropa y una tarjeta de crédito o dinero suficiente en mi bolsa, y comprar toda la ropa que necesitara en San Diego.

Ninguna de esas opciones me hubiera parecido adecuada: obviamente no hubiera querido usar la misma ropa durante todos los días del viaje, y comprar pura ropa nueva en San Diego hubiera sido un gasto innecesario y fuera de mi presupuesto.

Claro que nunca consideré esas alternativas realmente, pero esa reflexión me hizo darme cuenta de algo: no tenía que poner mi maleta; elegí ponerla porque de todas las alternativas, empacar era la mejor opción para mí.

Hay muy pocas cosas en la vida que realmente tenemos que hacer, muy pocas cosas literalmente de vida o muerte, pero nos encanta actuar como si todo lo fuera. Estresarnos como si todo lo fuera. 

  • Tengo que enviar este correo electrónico.
  • Tengo que ayudarle a mi hermana con su mudanza.
  • Tengo que lavar los trastes.
  • Tengo que llevar a mis hijos a la escuela.
  • Tengo que terminar este trabajo hoy.

Si analizas esas frases de la misma manera en la que yo analicé mi “tengo que poner la maleta”, te vas a dar cuenta de que ninguna de esas son cosas que tienes que hacer.

¿Realmente tienes que llevar a tus hijos a la escuela? Podrían irse solos, o caminando. ¿Realmente tienes que lavar los trastes? Podrían quedarse sucios unos días. ¿Realmente tienes que enviar ese correo electrónico hoy? Podrías enviarlo mañana…

Quizás no quieres que tus hijos se vayan solos a la escuela, o que se queden sucios los trastes, o enviar el correo electrónico mañana. En ese caso, las tres actividades son una elección, no una obligación.

No son cosas que tienes que hacer, son cosas que eliges hacer porque forman parte de la vida que has construido. De la vida que quieres.

Pero, ¿qué pasa cuando llenas tu agenda de cosas que no quieres? ¿de cosas que haces sólo porque piensas que debes hacerlas?

Como te decía, hay muy pocas cosas que realmente son de vida o muerte.

De hecho, si me preguntas, sólo hay tres cosas en la vida que de verdad tienes que hacer (porque si no, de verdad no puedes seguir viviendo):

  • Comer
  • Dormir
  • Respirar

De ahí en fuera, todo lo que haces con tu vida es una decisión. Estudiar, trabajar, tener una pareja, tener hijos, hacer ejercicio, aprender a tocar un instrumento musical. Ir al súper, ir al banco, ir a la tintorería, lavar los trastes, doblar la ropa, tender tu cama. Todas son decisiones.

Nos encanta sufrir porque “tenemos mil cosas que hacer”. Mi invitación para ti el día de hoy es que te asegures de que todas esas cosas que “tienes que” hacer, las hagas porque tú lo has decidido, no porque piensas que las “debes” hacer. Desde algo tan importante como estudiar una maestría, hasta algo tan aparentemente insignificante como lavar los trastes.

Si sientes que vives corriendo y que no te alcanzan los días porque “tienes mil cosas que hacer”, depura tu lista de pendientes. Vas a ver que la mitad de esos pendientes puedes eliminarlos. (Estoy segura de que la mayoría son exigencias que tú solita te has puesto).

Claro que depurar nuestra lista de pendientes no es tan fácil. Por eso te quiero compartir cuatro preguntas poderosas que te ayudarán a deshacerte de todos esos pendientes innecesarios en tu lista. Después de aplicar estas cuatro preguntas, empezarás a notar que tus días se sienten más ligeros.

Pregunta poderosa #1: ¿Realmente lo tengo que hacer? ¿Qué va a pasar si no lo hago?

 

Tip para responder la pregunta #1: Sé tajante. No respondas que sí sólo porque te da miedo responder que no, o porque la actividad en cuestión tenga que ver con una expectativa que quieres cumplir. ¿De verdad, de verdad, de verdad lo tienes que hacer? Casi te puedo apostar que no va a ser el fin del mundo si no lo haces.

 

Pregunta poderosa #2: ¿Lo tengo que hacer con la misma frecuencia con la que normalmente lo hago?

 

Por ejemplo: A lo mejor decides que sí es necesario lavar los trastes, ¿pero es necesario lavarlos tres veces al día, o puedes hacerlo sólo una vez?

 

Pregunta poderosa #3: ¿Lo tengo que hacer de la misma manera en la que normalmente lo hago?

 

Por ejemplo: A lo mejor decides que sí necesitas algo del banco, ¿pero de verdad necesitas ir, o puedes hacer el trámite desde tú teléfono usando una aplicación?

 

Pregunta poderosa #4: ¿Lo tengo que hacer yo, o me pueden ayudar?

 

Por ejemplo: A lo mejor decides que sí es necesario doblar la ropa, ¿pero no hay nadie que pueda ayudarte a hacerlo?

 

 

Como siempre sucede, muchas de las presiones en la vida nos las ponemos nosotras solitas. Que esas presiones no empiecen con tu lista de pendientes. ¡Empieza a depurarla desde hoy! La próxima vez que te sorprendas a ti misma diciendo las palabras “tengo que”, ponlas a prueba con las cuatro preguntas poderosas. 

Con todo el cariño del mundo,

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